PAISAJES DE APRENZAJES LÚDICOS (PAL)
El juego como herramienta para prevenir la Desnutrición Crónica Infantil
Paisajes de Aprendizaje Lúdicos (PAL) parte de una idea: la prevención de la desnutrición crónica infantil no ocurre únicamente alrededor de la alimentación. También requiere fortalecer los conocimientos, prácticas, vínculos y entornos en los que crecen las infancias.
El proyecto utilizó el juego, la educomunicación y la transformación participativa del espacio público para acercar estos aprendizajes a las familias y comunidades.
PAL se implementó en territorios de la Costa, Sierra y Amazonía ecuatoriana.
EL PROYECTO EN CIFRAS:
+900
familias con cuidadores, niñas y niños de 0 a 5 años
¿POR QUÉ EL ESPACIO PÚBLICO?
Los espacios públicos son parte de la vida cotidiana de las comunidades.
Son lugares donde las familias se encuentran, las niñas y niños juegan y se generan intercambios entre generaciones.
Por eso, PAL buscó convertir estos espacios en entornos cotidianos de aprendizaje, donde los mensajes sobre nutrición, higiene, lactancia, cuidado y desarrollo infantil pudieran experimentarse de manera lúdica y cercana.
El proyecto trabajó en espacios como mercados, ferias y áreas de encuentro comunitario, reconociendo su importancia como lugares de interacción y socialización.
12
comunidades participantes
6
provincias del Ecuador
18
meses de proceso
NO LLEGAMOS CON UN DISEÑO. LLEGAMOS A ESCUCHAR.
Una de las claves del proceso fue que los espacios no fueron diseñados de manera unilateral.
Antes de intervenir, se realizó un levantamiento de información para comprender:
Las condiciones físicas de cada espacio.
Cómo utilizaban el lugar las familias.
Las percepciones de madres, padres y cuidadores.
Las dinámicas sociales del territorio.
Los actores comunitarios existentes.
Las oportunidades para incorporar juego y aprendizaje.
A partir de este diagnóstico comenzó un proceso de co-creación con las comunidades.
Las decisiones sobre los materiales, juegos, mobiliario, mensajes y emplazamiento de las intervenciones fueron trabajadas conjuntamente.
¿QUÉ HICIMOS DESDE HUASIPICHANGA?
Desde Huasipichanga aportamos nuestra experiencia en diseño participativo, espacio público y metodologías lúdicas para convertir las necesidades identificadas junto a las comunidades en intervenciones concretas.
Nuestro trabajo se concentró especialmente en la co-creación, diseño e implementación de los espacios, desarrollando:
→ Mobiliario y elementos de juego
Diseñados para estimular la interacción entre niñas, niños y cuidadores y convertir el espacio público en un entorno de aprendizaje.
→ Murales
El arte se incorporó como herramienta de comunicación, identidad y apropiación del territorio, conectando mensajes relacionados con nutrición, cuidado y primera infancia con elementos propios de cada comunidad.
→ Intervenciones urbanas
12 espacios fueron transformados mediante soluciones semi-permanentes que combinan juego, comunicación y programación del espacio público.
→ Mingas comunitarias
La construcción se realizó con participación activa de las comunidades y líderes locales, fortaleciendo el sentido de pertenencia y corresponsabilidad.
APRENDER JUGANDO
El proyecto desarrolló herramientas y actividades lúdicas alrededor de cuatro grandes temas de prevención de la DCI:
→ Alimentación complementaria e inocuidad
Promover prácticas seguras de alimentación y fortalecer conocimientos sobre nutrición familiar.
→ Lactancia materna
Sensibilizar sobre los beneficios de la lactancia materna exclusiva y prolongada.
→ Higiene y agua segura
Promover prácticas adecuadas de higiene, lavado de manos y prevención de enfermedades.
→ Prevención y monitoreo de la DCI
Fortalecer el conocimiento sobre señales, causas y consecuencias de la desnutrición crónica infantil.
La propuesta buscó que estos contenidos no se quedaran únicamente en información, sino que pudieran vivirse, jugarse y conversarse en familia.
EL ARTE COMO PARTE DEL APRENDIZAJE
Los murales realizados dentro del proyecto cumplieron una doble función.
Por un lado, embellecieron y revitalizaron espacios públicos. Por otro, ayudaron a convertir las paredes en superficies de comunicación y reconocimiento colectivo.
El muralismo permitió incorporar elementos de la naturaleza, las historias y la identidad de cada territorio, haciendo que las comunidades pudieran reconocerse en sus propios espacios.
La intervención artística estuvo a cargo del muralista ecuatoriano Beto Choco, cuya obra conecta naturaleza, territorio y memoria con una mirada profundamente comunitaria.
Cuando el espacio público se convierte en un lugar para aprender, también puede convertirse en una herramienta para cuidar.